Nuestra historia
Un café que nació del bosque
y de las personas que lo cuidan
Yarumo lleva el nombre de un árbol del bosque de niebla. Como él, crecemos despacio y con raíces.
← Volver al inicioQuiénes somos
Nacimos de una curiosidad sencilla
Yarumo comenzó en 2019 cuando Valentina y Esteban — dos manizaleños que habían viajado por varios países cafeteros — se preguntaron por qué los viajeros que llegaban a Manizales no encontraban un lugar donde sentarse a conocer el café de verdad. No como museo, no como tour, sino como lo que es: una bebida cotidiana con mucho por contar.
Eligieron el nombre Yarumo por el árbol que crece en los bordes del bosque de niebla caldense. Árbol de transición, dicen los botánicos. Un árbol que ayuda a otros a crecer. Eso buscaban para los viajeros que llegaran al café: que salieran con algo más que una taza tomada.
El local en Carrera 23 # 26-47 lo encontraron casi por accidente. Un espacio con ventanas grandes, vigas de madera y suficiente silencio. Lo que siguió fue años de trabajo directo con fincas del Eje Cafetero para traer café con nombre y apellido, y un equipo pequeño pero comprometido.
Nuestra misión
Servir café como se merece
No buscamos ser el café más conocido de Manizales. Buscamos ser el que el viajero recuerda. El lugar donde se detuvieron, conversaron, probaron algo que no esperaban, y quizás compraron unos granos para llevar a casa.
Transparencia en el origen: cada café que servimos tiene finca, municipio y productor identificado.
Ritmo propio: nuestras propuestas no tienen prisa. El tiempo en Yarumo lo mide el cliente.
Conexión con la región: trabajamos con productores locales y compartimos su historia con cada visita.
Atención humana: no tenemos guiones de atención. Sí tenemos personas con ganas de conversar.
Las personas detrás
El equipo de Yarumo
Valentina Rivas
Fundadora y barista principal
Estudió catación en el Centro Nacional de Investigaciones de Café y lleva más de ocho años conociendo las fincas del Eje Cafetero de primera mano.
Esteban Cardona
Cofundador y vínculo con productores
Creció entre cafetales en Villamaría. Es quien mantiene la relación con las fincas que nos abastecen y quien trae las historias del campo al local.
Lucía Montoya
Atención y experiencia del visitante
Habló con cientos de viajeros antes de llegar a Yarumo. Eso le dio un sentido claro de lo que alguien busca cuando entra a un café en una ciudad nueva.
Cómo trabajamos
Nuestros estándares de trabajo
En Yarumo la calidad no se anuncia, se sostiene con decisiones cotidianas sobre lo que compramos, preparamos y decimos.
Café de especialidad
Todos los cafés que usamos puntúan por encima de 82 en la escala SCA. Los seleccionamos junto a los productores al inicio de cada cosecha.
Comercio directo
Pagamos por encima del precio de mercado a las fincas con quienes trabajamos. No intermediarios, no café anónimo.
Preparación controlada
Cada método de preparación tiene parámetros definidos: temperatura del agua, tiempo de extracción, dosis. Sin dejar el resultado al azar.
Acompañamiento regional
Los panes, postres y detalles que acompañan cada propuesta vienen de productores locales de Manizales y sus alrededores.
Higiene y cuidado
El local se limpia con protocolos establecidos antes y después de cada servicio. Cumplimos las normativas sanitarias del INVIMA para establecimientos de alimentos.
Retroalimentación activa
Pedimos opinión a los visitantes después de cada experiencia. Lo que nos dicen cambia cómo preparamos la siguiente visita.
Café de altura en el Eje Cafetero
Manizales y el café: una relación que vale la pena conocer
El departamento de Caldas, donde se asienta Manizales, es parte del Eje Cafetero colombiano — una de las regiones caficultoras más reconocidas del mundo. A altitudes de entre 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, bajo una neblina que modera la temperatura y ralentiza la maduración del grano, se producen cafés con perfiles aromáticos particulares: notas frutales, acidez suave, cuerpo equilibrado.
En Yarumo trabajamos exclusivamente con cafés de estas alturas. No porque sea una tendencia, sino porque es lo que conocemos y lo que tenemos cerca. Los productores con quienes colaboramos están en municipios como Villamaría, Chinchiná y Neira — a menos de 40 kilómetros de nuestro local.
Cuando un visitante llega a Yarumo y pide una degustación, no está tomando un café genérico. Está probando el trabajo de familias concretas, en fincas concretas, bajo condiciones climáticas que cambian de cosecha en cosecha. Eso es lo que queremos transmitir: no solo la taza, sino el contexto que la hace posible.
Para el viajero que tiene curiosidad por el café colombiano más allá de los souvenires, Yarumo es un punto de entrada cómodo, sin exigencias y con personas dispuestas a explicar sin tecnicismos lo que hay dentro de cada taza.